El día 31 de octubre se celebra el Día de los Santos, aunque últimamente se ha posicionado en un segundo plano y la gente ha acogido con más fuerza la fiesta conocida como Halloween, que viene a ser lo mismo pero teñido de un toque mágico y sobrenatural.

Cuando preguntas a la gente qué le parece esta fiesta, Halloween, te puedes encontrar de todo: a unos les gusta, a otros les es indiferente y a algunos les indigna que se sustituya ese ambiente festivo en una noche en la que –según sostienen– debería rendirse tributo a los difuntos.

Lo que más llama la atención es que muchos se quejan de su procedencia, recientemente me comentó un amigo:



Parece que ahora sólo valen las fiestas y tradiciones de EE UU, esa fiesta antes no se celebraba aquí. Traen todas sus costumbres, ¿qué pasa con las nuestras?”

Y lo cierto es que no tiene razón. ¿Por qué? Porque la fiesta de Halloween NO PROCEDE DE EE UU. Sí, sí, como lo leéis. La tradición procede de la cultura Celta cuyo lugar de procedencia se extiende por el continente europeo, abarcando zonas desde la actual Turquía hasta Portugal.


Los Celtas de los territorios del norte de Europa (concretamente Bretones, Irlandeses y Escoceses) tenían unas fuertes creencias místicas que incluían en sus prácticas diarias.


Su cultura contaba los días por noches y lunas, y su cómputo de los años se hacía partiendo de cuatro períodos que vienen a coincidir con las cuatro estaciones. Estos períodos iban separados por unas “noches especiales” que, según sus creencias, estaban repletas de magia y una importante fuerza mística. Resulta que el día 1 de noviembre era una de esas noches, dedicada a Samhaim.

De tal forma que la víspera anterior, esto es, el 31 de octubre, los pueblos celtas celebraban el paso de una época del ciclo vital a otra. Era un momento en el que el mundo parecía detenerse y permitía a los espíritus muertos regresar, para poder despedirse de sus seres queridos, al tiempo que se anunciaba el inicio del invierno.

La tradición consistía en que los aldeanos encendían hogueras para evitar perderse y a modo de protección, entregando ofrendas a los difuntos y a los dioses (como Dagda, dios de la vida y la muerte, o Morrigu, reina de fantasmas y demonios).

Además de las hogueras, los celtas guiaban su camino con unas “linternas” caseras hechas a partir de nabos que habían vaciado previamente y en cuyo interior colocaban velas, para arrojar luz a su caminata nocturna.


Se creía que, cuando las gentes salían de sus casas para honrar a los difuntos, todo tipo de criaturas sobrenaturales (brujas, vampiros, duendes, fantasmas perversos…) podían entrar en sus casas y maldecirlas antes de su regreso. Por eso, se comenzaron a realizar bailes alrededor de las hogueras, intentado espantar a tales seres.

Con la llegada de los romanos a las zonas celtas, la tradición se fue adaptando a la religión latina, combinando la antigua tradición con los dioses del Imperio. En concreto con la diosa Pomona, deidad de los frutales. De tal forma que en su honor, se celebra la noche del 31 de octubre “La Fiesta de la Cosecha”. Sin embargo, una isla se mantuvo a raya, sobrevivió casi intacta a esta variación y mestizaje: ésta fue Irlanda (llamada por aquel entonces Hibernia).

De esta manera, el día 31 de octubre, la llamada “All hallow Eve” (Víspera de todos los Santos) se trasladó al continente americano gracias a las emigraciones de irlandeses que colonizaron buena parte del Nuevo Mundo allá por los años 40’s del siglo XIX (1846, aproximadamente).

En EE UU, no obstante, la tradición se vio obligada a adaptarse al nuevo contexto, ya que allí no podían elaborarse aquellas magníficas linternas naturales a base de nabos, escasos por aquellos lindes. De manera que se conformaron con las calabazas, acogidas por sus colores cálidos, relacionados con el calor, el fuego y la luz que podía combatir a seres sobrenaturales.


Como veis la tradición vuelve al presente, quizá con una cierta vena comercial, no lo niego, pero al menos hay que reconocer que aunque sea por medios económicos las costumbres no se pierden. Es cierto que se desvirtúa su espíritu pero seguro que, si bien sean pocos, algunos disfrutarán de la magia que hay detrás de tanto afán comercial.


¡¡Muy feliz día a todos!!